
Hay momentos cuando todas nuestras palabras son probadas. Todo lo que decimos, las declaraciones que hacemos con nuestros seres queridos o incluso mientras oramos. Cuando decimos confiar en Dios o le pedimos que aumente nuestra confianza, las palabras no se quedarán en el aire. Habrá un momento cuando tengamos que probar, en el fuego, lo que afirmamos.
¿Cómo probaremos nuestra confianza si todo siempre va bien? Por ejemplo, al recibir noticias inesperadas que nos sacuden podemos comprobar si estamos firmes en la Promesa o si aún caminamos sobre la arena. El Señor Jesús dijo que nuestra vida debe estar edificada sobre la roca, pues aunque vengan los vientos y las tempestades, en Él permaneceremos seguros.
No importa lo que diga el corazón, si Dios está dirigiendo nuestros caminos el temor no tiene lugar. Es necesario cerrar los oídos a los pensamientos de miedo, duda, inseguridad; ignorar la incertidumbre que nace en el corazón y creer con toda el alma que la Palabra de Dios se cumplirá.
Para permanecer firmes, debemos tener absoluta certeza, Dios es quien guía cada paso que damos. "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8,28). Significa confiar, con toda la fe, aunque el corazón intente decir lo contrario.




