jueves, 13 de enero de 2011

Palabras

Hoy estuve meditando en el poder de las palabras. Una palabra puede cambiar la vida de un ser humano, puede levantar o derribar, herir o restaurar, bendecir o maldecir.

Es una realidad. Tiempo atrás, pasé por un momento difícil; me preguntaba si Dios se acordaría de mí. En mi alma había un vacío, nunca lo hablé con nadie. Levantarse era un reto cada mañana, no deseaba seguir vagando sin cumplir el propósito de Dios, pero no sabía si Él aún tenía algo preparado para mí.

Un domingo por la tarde, alguien me dijo así: "Dios la ama".
Con seguridad no imaginaba el impacto que esa palabra tendría en mi vida. Fue como si el Señor, desde el cielo, se dirigiera a mí. Esa palabra desató una revolución en mi forma de vivir, un antes y un después. Parte de lo que soy ahora, provino de aquella pequeña frase que revivió mi ser. Una sola palabra llenó mi corazón seco, me inundó de esperanza.

Palabras como esa vienen de la boca de Dios, y Él usa a las personas que permiten que su lengua sea un instrumento de bendición y no de maldición para quienes le rodean. A veces sentimos falta de esas palabras. En ocasiones la soledad, la tristeza y el cansancio nos oprimen, nos preguntamos cúando habrá respuesta a nuestras oraciones. Pero el Señor está cerca, atento para escuchar, Su palabra lista para levantarnos.

Una palabra, a veces lo que más se necesita es una palabra.

miércoles, 12 de enero de 2011

Escrito en las estrellas


"Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmo 19:1)

Para mí, uno de los escenarios más bellos en la tierra es el cielo nocturno tapizado de estrellas, donde la luz de luna baña el agua clara y las hojas de los árboles, mientras una suave brisa acaricia el ambiente. El firmamento me ha fascinado desde niña. Cuando tenía trece o catorce años, mi mamá me compró un telescopio. ¡Cuántas noches disfruté esa visión asombrosa! Aún no concibo que pueda existir algo tan hermoso.

Ahora bien, los cielos cuentan la gloria de Dios. Son un destello, un atisbo de su fragancia, un obsequio al ser humano para recordar su majestad. Como escritora mis obras están plasmadas de mi personalidad; en el firmamento está plasmada la grandeza y hermosura del Señor. ¿Hay algo imposible para Él?
Basta detenerse y contemplar las estrellas. Si el Creador del universo nos hace una promesa, ¿no la cumplirá? ¿Será que fallará? Nosotros somos seres imperfectos, temerosos, en ocasiones cobardes y, sobre todo, pecadores. Nada merecemos del Señor, pero Él ha dado todo por nosotros. Su propio hijo dio la vida para salvarnos, ¿cómo nos atrevemos a dudar de su amor y fidelidad?

Dios es perfecto, su poder es incomparable. Aunque el mundo se levante en nuestra contra, su fuerza nos sostiene y nos levanta sobre los problemas. Por si esto fuera poco, nos dejó en el cielo una forma de recordar que Él es el Señor sobre toda la tierra, su palabra nunca fallará. Sólo hay que levantar los ojos hacia Él en la noche para tener esa confianza.

lunes, 10 de enero de 2011

La mejor instrucción


Estos días he recibido elogios gracias a un talento otorgado por Dios, el canto. Sabemos que el ser humano es probado por las palabras de sus semejantes, en especial porque el corazón desea recibir la gloria de este mundo. Ahora bien, debo reconocer que no tengo nada por qué envanecerme, todo lo que sé en el ámbito musical es por su gracia, literalmente.

Quienes me escuchan hoy deberían estar agradecidos por no haberme oído cantar hace algunos años, era terrible. Hubo personas que profirieron palabras para desanimarme y, durante mucho tiempo, lo consiguieron. Si permanecí fue por un sueño, una visión sembrada en mi alma cuando tenía diez años. No desistí, tuve que aferrarme a esa determinación y perseverar para lograr mi objetivo. Superé incluso mi timidez natural para seguir adelante.

Sin embargo, la mejor instrucción musical que he recibido (a la cual debo, sin duda, todos los elogios inmerecidos) vino de donde menos la esperaba. Hace tres años fui contratada como maestra de inglés en una escuela primaria. Ese trabajo ha sido un reto enorme para mí. Tiene algunos beneficios, pero para mí posee algunas características contrastantes con mi forma de ser; el ruido, por ejemplo, me es insoportable. En las clases no hay ni un segundo de silencio.

Lo peor cuando comencé, fue descubrir que después de hablar más de siete horas diarias mis cuerdas vocales estaban agotadas e imposibilitadas de cantar. Siempre viví cantando. Recuerdo mi adolescencia entre melodías entonadas al caminar, limpiar, al hacer cualquier cosa. Al trabajar como maestra tuve que guardar completo silencio, con el temor de dañar mi voz permanentemente.

Como un pez fuera del agua, me sentía desesperada. A pesar de mis esfuerzos para evitar levantar el volumen de mi voz, nada resultaba; siempre estaba enferma, afónica. Derramé lágrimas de impotencia, nadie podía comprender ese dolor tan cruel, la distancia entre mi sueño y mi realidad, entre el sonido y el silencio, entre el amor y la soledad.

El milagro sucedió poco a poco, ni lo percibí. Empecé a cuidar mi forma de respirar y fui recuperando la capacidad de hablar. Pasaron algunos años y, aunque aún me es difícil cuidar mis cuerdas vocales, cada vez me enfermó menos. Entonces mejoré cantando. ¿Quién diría que impartir clases a niños me ayudaría a cantar mejor? Yo nunca lo hubiera imaginado. Pero Dios es el mejor maestro, nos enseña de maneras difíciles de comprender. El resultado que proviene de su instrucción es un fruto que cambia nuestras vidas. No debemos rehusarnos a aprender a su modo.
Hoy fue el reinicio de clases y creo que, al menos por un tiempo, seguiré aprendiendo. No sólo canto, como maestra he aprendido mil cosas extraordinarias.

domingo, 9 de enero de 2011

¿Porqué escribir?


¿Porqué seguir escribiendo? ¿Será que vale la pena plasmar mis pensamientos en estas palabras? Creo que sí. Es un acto de fe.

Sé que en el mundo hay un alma sedienta y cada letra escrita en este modesto blog es una gota para apagar el tormento de su sed. Cada palabra de aliento, cada meditación, cada sentimiento reflejado en estos vocablos pueden llegar a quien lo necesita con intensidad. Las palabras no fueron hechas para quedar vacías, conllevan un mensaje, aunque a veces sea difícil decifrarlo.
No dejaré de escribir. Sólo espero conseguir expresar lo que dice mi corazón. Es mi anhelo compartir la luz y la esperanza del Señor, la confianza en el futuro, la paz para el alma y el amor profundo que guardo dentro de mí. Deseo servir como un instrumento de Sus manos por medio de estos escritos.

Cada día comprendo mejor que al vivir para Él nuestros sueños y proyectos personales, quedan en segundo plano. Cuando ansiamos soñar los sueños de Dios, vivimos para los demás; para ofrecerles fe, esperanza y, sobre todo, amor. Espero que cada palabra de este blog, esté impregnada de ese sentimiento sublime y maravilloso que únicamente el Señor nos puede conceder.

No dejaré de escribir. Espero que estas palabras alcancen al menos un alma en mi camino. A pesar de las apariencias, sé que ya lo están logrando.

sábado, 8 de enero de 2011

Sobre as aguas


La verdad es que hoy no sé que escribir.

Estaba oyendo una canción muy linda de Toque no altar, "Sobre as aguas". La letra del coro tocó mi corazón, son palabras que necesitamos escuchar cuando atravesamos una tempestad. Esta es la letra:

Se o sol se por, e a noite chegar,
Tu és quem me guía
Se a tempestade me alcancar
Tu és meu abrigo

Se o mar me submergir a Tua mao
Me traz a tona pra respirar
E me faz andar sobre as aguas
Tu és o Deus da minha salvacao
És o meu dono, minha paixao
Minha cancao e o meu louvor.

viernes, 7 de enero de 2011

Mira al cielo


El mayor anhelo en la vida de Abram era tener un hijo. Puedo imaginarlo soñando con aquél deseo durante años. Había recibido una promesa, pero el tiempo transcurría y, con seguridad, pensamientos de duda y desilusión tocaron su corazón.

Un día Abram no resistió más. El Señor le prometió, de nuevo, que tendría un hijo; pero no fue suficiente. Aquel hombre se dirigió a Dios con valentía y le preguntó: "¿qué me darás, siendo que ando sin hijo...? (Génesis 15, 2).

Dios, en vez de enojarse, le respondió: "Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia" (Génesis 15,5).

Abram anhelaba tener un hijo, pero Dios anhelaba que fuera padre de naciones, con una descendencia innumerable. Al pedirle que saliera de la tienda le mostró que sus pensamientos no eran los mismos del ser humano.

Sólo es necesario contemplar el firmamento para comprobarlo. Cuando sintamos que ese anhelo del alma está lejano, recordemos que el anhelo de Dios para nosotros es mucho mayor, no podemos imaginar cuánto. Él es el Creador de la majestad de los cielos en todo su esplendor, ¿será que nuestro deseo es demasiado para su poder?

jueves, 6 de enero de 2011

Soneto 116 - Shakespeare (Traducción libre)

Ante la unión de almas fieles, no admitaís
impedimentos. No es amor el amor
que al percibir un cambio, cambia
o que obliga al distanciado a distanciarse.

¡Oh no! Es un faro inamovible
que no se estremece ante las tempestades
Es la estrella que guía una nave a la deriva,
de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.

No es el juguete del Tiempo, aún si rosados labios
o mejillas alcanza, el compás del Tiempo,
ni se altera con horas o semanas fugaces
más aguanta y permanece hasta el último abismo.

Si es error lo que digo, y en mí se puede probar
decid, que nunca he escrito, ni el hombre ha amado jamás.